El barro y la costilla, mi primera novela (1ª parte)

 

José Galiana y yo por aquella época

José Galiana y yo por aquella época

En noviembre de 2007 me encontraba insatisfecho y cabreado con el mundo cuando regresé de mis vacaciones anuales en la montaña. Ese año tocaron los Picos de Europa, quede claro que ni los maravillosos parajes ni la buena compañía de mi amigo José Galiana tuvieron nada que ver con mi profundo descontento. No me aguantaba ni yo mismo: estaba hecho un gilipollas integral que jugaba a no darse cuenta. Así que decidí hacer algo y dar un paso hacia delante, aunque sin mucha convicción al principio.

Por aquella época se anunciaba en el periódico una escuela de escritura creativa. Yo había escrito majaderías en secreto y tenía el anhelo de convertirme en escritor desde que era pequeño, de manera que aquella publicidad sacudió mi zona de confort. ¿Sería capaz de salir del armario de los aspirantes a escritores? El caso es que, pese a que siempre he leído mucho, no había estudiado en mi vida —aparte de cuando me sangraron los codos durante las oposiciones a prisiones—, no tenía carrera y llevaba trabajando desde los dieciocho años sin preocuparme por formarme en ningún sentido. Con todo lo cual, me sentía más que inseguro a la hora de presentarme en una escuela de escritores sin bagaje académico ni nada que se le pareciera. Pero allí llegué una mañana de invierno, desde la calle leí el letrero de la segunda planta y estuve a punto de darme la media vuelta por vergüenza. Una vez arriba, trágame tierra, me hicieron esperar porque el director de la escuela entrevistaba personalmente a los candidatos. Yo estaba seguro de que no daba la talla, no era por menospreciarme, simplemente era realista.

—¿Qué te gustaría escribir? —me preguntó Andrés Nadal, el director.

—Bueno, para empezar unos relatillos o algo así.

—Pero, ¿a ti qué es lo que te gusta leer?

—Novela.

—¿Y no te gustaría escribir una?

—¿Así, de primeras?

—Si quieres ser escritor, tienes que ser ambicioso.

Y así entré en el grupo de novela de los miércoles por la mañana, horario que a mí me venía bien a en el momento de cogerme los días en el trabajo y a la escuela para rellenar su clase más vacía y heterogénea. Pero esto es otra historia, que contaré en la segunda parte.

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